CHIMOLTRUFISMO POLÍTICO
Escandalizados se dicen quienes
hasta el cansancio señalan la indecencia que para ellos supone el hecho de que MORENA reciba en sus filas a ex
militantes de otros partidos, sin darse cuenta que en la antesala de la
elección del 2018, los refuerzos y el reacomodo de fichas son el pan nuestro de cada día.
Así surgió el ya mítico Frente
Democrático Nacional, una extraña coalición de fuerzas y movimientos políticos
y sociales que hace ya 30 años, le plantaron la cara al hegemónico PRI y lo
hicieron cimbrarse hasta en su última columna; así se reorganizó la campaña
foxista cuando aliados el PAN y el
Partido Verde le ganaron por vez primera una elección presidencial al régimen
priísta y solo con ese método panistas y perredistas pudieron escamotearle varias gubernaturas al
tricolor en los últimos procesos electores.
Con coaliciones primero y con
apostasía después, los políticos mexicanos a falta de reelección buscan
preservar sus posiciones en un sistema caduco que dificulta la consolidación de
espacios de poder más allá de seis años.
La anacrónica cláusula
antirreleccionista, provocó lo que en principio se denominó “Chapulinismo” esa
práctica consistente de contender por un distrito en una elección y por otro en
la siguiente, fue también perfeccionándose para que nuestros diputados al dejar
su cargo, fueran tan sólo trasplantados al Senado desde donde seis años más tarde regresaban a San Lázaro.
El “chapulinismo” sin embargo fue
agotándose en tanto la competencia democrática abrió también espacios a nuevos
jugadores, pues mientras hasta 1994 el PRI, logró monopolizar la mayoría
absoluta en ambas cámaras del Congreso con 300 diputados y 95 senadores, para
el año 2006, apenas logró colocar 103 legisladores en la Cámara Baja y otros 39
en la sede de Xicohténcatl.
La misma dinámica comenzó a
vivirse en el PAN y en el PRD tiempo más tarde, pues ambos partidos vieron sus
mejores años en la primera década del siglo XXI hasta que, preocupados por ir
perdiendo espacios en solitario, comenzaron a cohabitar en varios estados de la
República.
Irónicamente, la estrategia que se
pensaba les seguiría garantizado triunfos frente al PRI, desencantó más
temprano que tarde a sus militantes de más raigambre y el éxodo hacia MORENA
fue inevitable.
Hoy, el debate se centra
fundamentalmente en los tránsfugas de esos y otros partidos, en los desertores
de aquellos institutos políticos que otrora tuvieron ideología e identidad
propia pero que con el tiempo, fueron flexibilizando su postura hasta entender
que el aislacionismo sectario de siglos anteriores en los que el agua no se
mezclaba con el aceite, debía dar paso a nuevas formas de hacerse con la banda
presidencial.
Es entonces que el Chimoltrufismo
ve la luz en México, y al igual que el personaje televisivo interpretado por
Florinda Meza, los políticos mexicanos se dieron licencia para decir una cosa y
después decir lo contrario, o como dijera la Chimoltrufia decir una cosa y
luego otra.
Entre las "Chimoltrufias" de nuestro
sistema político, debemos destacar a Rosario Robles Berlanga, miembro del
gabinete del presidente Peña Nieto desde el inicio de su administración, quien no dudó ni tantito en renegar del PRD para
trabajar con el PRI cuando éste le dio una oportunidad después de lo cual, dejó
para una mejor ocasión su retórica izquierdista en contra de Ernesto Zedillo y
Carlos Salinas, el cual por cierto le regaló una de las bandas presidenciales
que ostentó durante su sexenio, como agradecimiento a los videos que ella y su
amante Carlos Ahumada le presentaron al ex mandatario, con el propósito de
urdir una supuesta trama de corrupción que sacara a López Obrador en su camino
a la Presidencia.
Quienes
hoy se rasgan las vestiduras con la llegada de Gabriela Cuevas y Cuauhtémoc
Blanco a MORENA, sólo se acogen al beneficio de la amnesia selectiva, pues
prefieren hacer como si esto no fuera cosa de todos los días a cambio de
defender la castidad ideológica, el inmovilismo político transgredido tantas
veces por políticos de todos los colores, como por ejemplo Fox el político autodefinido
como panista pero que no ha tenido el mínimo empacho en apoyar a los dos
últimos candidatos del PRI a la Presidencia de la República.
Tratándose de “López” todo mueve
al escándalo, su legítimo derecho a buscar aliados entre todos los actores de
la arena política no se le perdona, en cambio quienes le critican, miran con
benevolencia a Miguel Ángel Yunes Linares, un militante priísta que viendo
cerrada su posibilidad de contender a la gubernatura de Veracruz cobijado por
el PRI, se refugió rápidamente en el PAN. ¿Fue entonces un pecado lo de Yunes;
es mejor el PAN por recibir a un añejo ex militante del PRI, que MORENA por
recibir a Gabriela Cuevas?.
La verdad es que los mexicanos aún
estamos lejos de entender el juego político de cara al 1° de julio, pues tan
timoratos como ciertos ministros de culto recalcitrantes, vemos con el mismo horror a quienes cambian
de camiseta que a quienes se ha divorciado de su pareja, como si fuese una
obligación permanecer en un lugar en el que no se sienten ya cómodos ni tomados
en cuenta o como si el ostracismo al que los relegan las cúpulas que controlan
cada uno de sus partidos, debiera ser condena o cruz para cumplirse y cargar a
cuesta por el resto de la vida, o como si un jugador de las Chivas no pudiera alinear con el América, o como si alguien que ha trabajado en la Ford
por años, no pudiera marcharse a la Nissan cuando así le convenga.
La política al igual que la
ingeniería automotriz, dejó de ser romántica y al igual que un ingeniero, un
político debe poder moverse a donde crea servir más, puede que se vean tan mal
como la Chimoltrufia, pero al final del día, el cambio es un instinto de
autoconservación y deseo de supervivencia. ¿Traición? ¿Perfidia? Sólo de quien se
diga militante de un partido y por debajo trabaje para otros, pero quienes han
mostrado sus cartas sin mayor tapujo son si acaso meros “chimoltrufios”
ejerciendo su derecho a sobrevivir y a decir una cosa y luego otra.
Por eso, A MI QUE NO ME VENGAN....
Guillermo Gustavo Flóres-Chacón
Morelia, Michoacán; 23 de enero de 2018








