martes, 14 de julio de 2015

COLOMBIA Y MÉXICO, DOS TÚNELES, UNA MISMA VERGÜENZA

COLOMBIA Y MÉXICO: DOS TÚNELES, UNA MISMA VERGUËNZA 

Tras la segunda fuga de Joaquín Guzmán Loera, reconocido más por su mote de “El Chapo”, algunos periodistas en México y en Colombia, han sucumbido a la tentación de recurrir a un símil entre el escape protagonizado por el capo mexicano de la droga y la fuga que acrecentó los mitos y leyendas en torno al ya extinto líder del Cártel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria.

Aunque ambos eventos tienen como figura central a dos de los narcotraficantes más poderosos de su tiempo, la fuga de Escobar no es, ni puede ser comparable con la del “Chapo”, pues la del colombiano se produjo desde un espacio que él mismo eligió y mandó construir para simular un arresto domiciliario en el que ni el ejército, ni la policía colombiana tenían control efectivo, algo que se supone, no era el caso del Centro Federal de Máxima Seguridad del Altiplano.   

Sucede que en realidad, Escobar no fue capturado, más bien, se entregó voluntariamente a condición de no ser extraditado hacia los Estados Unidos ni de ser recluido en ninguna prisión colombiana, sino mejor dicho, en una de sus propiedades, ubicada en la localidad de Envigado a 11 kilómetros de Medellín, la segunda ciudad de importancia para Colombia.

A diferencia suya, “El Chapo” Guzmán, si fue capturado merced a un esfuerzo titánico de inteligencia y a diferencia de Escobar, “El Chapo” si fue trasladado (por segunda vez) a un penal que se suponía era de máxima seguridad.

Estas diferencias, hacen necesario buscar un nuevo referente, uno que en verdad refleje el modus operandi empleado por “El Chapo” en su huída y ése no puede ser otro que el episodio protagonizado por el grupo guerrillero M-19 que, en enero de 1979, llegó mediante un túnel hasta la armería del más importante cuartel militar de Bogotá y sin empacho alguno, sustrajo a sus anchas más de 5,500 armas sin que nadie, se diera cuenta de lo sucedido.



Al igual que lo hicieron lo hombres del “Chapo”, los integrantes del grupo M-19 eligieron una propiedad en las proximidades de su objetivo, desde la cual comenzaron a excavar un túnel, una labor que, según consigna el periodista colombiano, Hollman Morris, se hacía de día y de noche.  

La casa fue adquirida por dos militantes del grupo guerrillero, quienes aparentaron ser una familia ejemplar a la luz de sus vecinos que, sobre ellos sólo sabían que eran dueños de una compañía farmacéutica.  

El túnel del M19, tenía sin embargo una longitud y profundidad menor a la del que sirvió como escape al señor Guzmán Loera, pues no se necesitaron más de 80 metros para llegar hasta el depósito de armas del Ejército de Colombia. Aún así, los miembros de aquella guerrilla colombiana se vieron en la necesidad de buscar una pantalla para lograr que camiones entraran y salieran diariamente del domicilio sin levantar mayores sospechas. Esa pantalla fue nada menos que la compañía farmacéutica, por eso nadie sospechó que camiones fueran y vinieran de la casa, porque con seguridad estos traían o llevaban medicamentos.

El túnel cavado para acceder al Cuartel Militar no fue una empresa sencilla, pues excavarlo les tomó más de un mes, a lo largo del cual, los guerrilleros hubieron de hacer frente a inundaciones, amenazas de derrumbe que obedecían a la composición del suelo.  

Naturalmente, un solo grupo de personas no habría podido lograrlo, la logística para cavar ese túnel no fue sencilla, menos podría serlo cavar uno del doble de longitud como por el que se dice, escapó el señor Guzmán Loera para recuperar su libertad.  
  
Habrá que tener en cuenta que debía alimentarse a los hombres que excavaban y a los que sacaban la tierra y drenaban el agua, debieron tener un espacio para ir a tirar la tierra salida del subsuelo y claro debieron hallar la forma de introducir las decenas de maderos o vigas que emplearon para apuntalar el túnel.  

Los guerrilleros consiguieron avanzar apenas treinta pingües centímetros los primeros días hasta lograr un avance sostenido de casi cuatro metros diarios en los últimos 10 días hasta antes de lograr su objetivo.    

¿Habrán tenido los hombres del señor Guzmán Loera necesidad de montar semejante trama, en verdad habrán tenido que extremar en tal forma sus precauciones? Lo dudo porque de seguro no tuvieron que molestarse en montar tamaña farsa. No lo hicieron porque las únicas personas que debían haber sospechado del constante ir y venir de camiones con arena o del inusual movimiento de personas en los alrededores de la construcción, eran justo los mismos que con seguridad fueron comprados para callar aquello que veían a diario desde sus posiciones, porque además, es un hecho que no era posible acceder con tanta precisión hasta el lugar desde el que se produjo la evasión del capo mexicano, sin que se tuviera un conocimiento detallado del interior del lugar.   

El golpe asestado por el M-19 a las Fuerzas Armadas de Colombia hace 36 años, supuso un serio desprestigio de la institución castrense y del gobierno colombiano en turno. Era inconcebible que un puñado de agentes subversivos, hubiera podido pasar bajo las botas de los militares y robar con total libertad miles de armas y libras enteras de munición durante casi tres días sin que ningún elemento del Ejército hubiera advertido nada fuera de lo normal.

Así como el túnel por el que se llevaron las armas del ejército colombiano, el túnel que se dice, sirvió como ruta de escape al “Chapo” Guzmán, es sinónimo de la ineptitud del Estado Mexicano, es la derrota de un sistema cuyos peores vicios asoman cual fuego en mitad de la noche.


Tal como sucedió en Colombia, en México vendrá una estéril cacería de brujas que nada bueno traerá, acciones de relumbrón (como la millonaria recompensa que ya se ofrece) y nada de ello sin embargo, logrará reivindicar la imagen de un régimen que en su seguidilla de tropiezos y pifias no logra ver, la luz al final del túnel. 

jueves, 16 de abril de 2015

GUERRA, GUERRA SIN TREGUA

¡GUERRA, GUERRA SIN TREGUA!

Hablar de Colombia es hablar de café, hablar de fútbol y de mujeres bellas. Pero con tristeza, debo decir también que, hablar de Colombia es hablar de conflicto, un conflicto que atraviesa las entrañas más hondas de este país, desde hace más de 50 años.

Mi estancia en Bogotá, no ha quedado ajena a este conflicto infame, pues el mismo es el tema durante el almuerzo, es encabezado de los periódicos, es motivo de análisis en la escuela, detonante de acalorados debates en las redes y es cliente frecuente de los titulares noticiosos. Apenas suavizado por los diálogos de paz entre el gobierno y las FARC, el conflicto como el buen fútbol, es tema permanente en Colombia.

Así lo confirmé luego que en las últimas horas del martes 14 de abril, un grupo de “Pisasuaves” de las FARC atacó por sorpresa y en mitad de la noche a 50 soldados pertenecientes a la Brigada Móvil 17,  que pernoctaban en una cancha deportiva ubicada en la localidad de Timba, departamento de Cauca.  

La guerrilla empleó granadas y otros aparatos explosivos contra los desprevenidos soldados, matando a 11 de ellos e hiriendo a otros 20 uniformados. Los que corrieron con más suerte, lograron escapar de la onda expansiva y las esquirlas e infortunio que vinieron con ella.   

Cómo era de esperarse, la reacción a este hecho fue una nutrida marejada de indignación y otras tantas arremetidas contra el gobierno colombiano y el Presidente Juan Manuel Santos, quien hay que decirlo, ha hecho de la paz su proyecto de gobierno a un costo altísimo para su popularidad, su capital político y sobre todo, para su credibilidad.

Entre quienes aportaron su cuota de indignación y estridencia a las declaraciones sobre ese ataque, destacan -faltaba menos- el ex presidente Álvaro Uribe, un nostálgico incorregible del poder y crítico a muerte de Santos, a cuyas críticas y descalificaciones se sumaron las del Fiscal General de la Nación, un abogado de nombre Eduardo Montealegre, quien desde Cali, capital de la salsa, se deshizo en lamentos y señalamientos francamente infundados, si por infundados entendemos aquello que carece de sustento, bien sea lógico o jurídico.    

La falencia de los argumentos hechos por el Fiscal Montealegre en Cali, radica en haber afirmado que los militares atacados, estaban “fuera de combate” y que por ello gozaban del estatus de "persona protegida" amén de lo cual se cometía un crimen de guerra sancionado por el Derecho Internacional Humanitario.          

Estando yo en Colombia como parte de un posgrado en Derecho Internacional Humanitario impartido, nada menos que por el Ejército Nacional colombiano, no me puedo dar el lujo de ignorar estas declaraciones sin defender aquello que mis profesores, todos ellos expertos en estas lides, me han transmitido en agotadoras y maratónicas sesiones de estudio.

Seguro de haber aprendido algo, debo decir  que el  señor Fiscal, está equivocado porque para el Derecho Internacional Humanitario ataques como los cometidos en contra del la Brigada Móvil 17 no están prohibidos, antes bien, se encuadran dentro de aquello que la estrategia castrense y la jurisprudencia internacional califican de “Ventaja Militar” cuya práctica está más que legitimada.

Por otro lado, debo decir que en ninguno de los cuatro Convenios de Ginebra ni en sus protocolos adicionales, se prohíbe la posibilidad de sorprender al adversario, incluso cuando éste se encuentre descansando o dormido. Guerra es guerra. ¿O es que acaso no recuerda el Fiscal de Colombia cómo fueron dados de baja alias Raúl Reyes, alias Alfonso Cano o alias Mono Jojoy ?

Entérese doctor Montealegre que el Derecho Internacional Humanitario no ampara a quienes hacen parte activa de las hostilidades, sino SOLAMENTE a aquellos que NO PARTICIPAN o HAN DEJADO DE PARTICIPAR en ellas o han perdido la voluntad de lucha, incluidos heridos, prisioneros de guerra, misiones humanitarias, equipos sanitarios y claro, población civil.  

En consecuencia, las fuerzas armadas en cumplimiento del deber misional, como era el caso de los héroes muertos en Cauca, son en definitiva actores del conflicto armado interno y es justo por ello que NO eran sujetos de protección de los Convenios de Ginebra, como lo afirma el señor fiscal.

Según el artículo 135 del Código Penal el homicidio en persona protegida tiene lugar en el marco de un conflicto armado y consiste en ocasionar la muerte de persona protegida conforme a los Convenios Internacionales sobre Derecho Humanitario ratificados por Colombia.

En ese entendido, el Fiscal Montealegre tendría que saber que un militar en activo NO es considerado una persona protegida y en consecuencia, los ataques que tienen lugar entre grupos armados, sean o no fuerzas del estado es, gústenos o no,  una conducta válida y por ello, no sancionada por el Derecho Internacional Humanitario.

Y es que las FARC, no fueron a los domicilios de los soldados a quitarles la vida, ni los emboscaron mientras vacacionaban en alguna playa, no señor,  los sorprendieron en su base mientras cumplían con con una misión, hecho que queriéndolo o no, los convierte en blancos lícitos a los ojos del Derecho Internacional Humanitario.
    
Si lo que el Fiscal quiso, fue buscarse un delito con el cual condenar a los responsables del ataque contra los uniformados, debería echarle un vistazo al delito de HOMICIDIO AGRAVADO, antes de inventarse cargos a la ligera.  

Debo decirlo, los militares de Colombia como los de cualquier país están entrenados para hacer frente al enemigo es decir, han sido preparados y duramente adiestrados para pelear y hacer uso de la fuerza letal, para hacer la guerra incluso en las peores condiciones y morir si es necesario, tal como lo hicieron los jóvenes caídos bajo el diluvio de munición que los recibió en el épico desembarque de Normandía, o los militares argentinos enviados a Las Malvinas en 1982, quienes padecieron ingentes temperaturas por días enteros a la espera de las instrucciones de los mandos que proyectaron la desastrosa retoma de aquel territorio insular. La muerte es pues, una posibilidad real en un oficio de riesgo permanente como lo es el oficio de las armas y todo soldado sabe que al partir a una misión, el abrazo de su bandera, sea quizá el último que reciban.   

Con lo anterior debe quedar claro, que a menos que se cometa perfidia, ningún combatiente o parte activa en un conflicto puede llamarse sorprendido, ni fuera de combate porque los contextos bélicos exponen a sus protagonistas y ellos lo saben, a cualquier tipo de ataque en el momento menos pensado. 

No hay pues en la acción de las FARC, violaciones al Derecho Internacional Humanitario y por ende, en este caso concreto, no se perfila ningún crimen de guerra. 

No obstante lo anterior y para que no quede duda sobre mi sentir en torno a los hechos del Cauca, es menester aclarar que lo que sí hicieron las FARC, fue volver a mentir, volver a traicionar y faltar a la palabra empeñada y por si ello no bastara, pecaron nuevamente de soberbia y arrogancia.

Mienten por afirmar que los soldados abatidos participaban de un combate, cuando los hombres no estaba era sino dormidos.  

Traicionan, porque rompieron una tregua que ellos ofrecieron de motu proprio. Traicionan igualito que hicieron desde los tiempos en que Pastrana accedió a crear la Zona de Distención del Caguán.

Pecan de soberbia, al atreverse con total cinismo a pedirle al gobierno que mantenga la tregua y se abstenga de bombardear sus posiciones, como si fuera el Estado el que les tuviera que pedir permiso para hacer uso legítimo de la fuerza.  

Pecan de arrogantes creyendo que ellos sí pueden atacar con impunidad a las fuerzas armadas, pero que el Estado no puede responder sus ataques, antes bien quisieran que el gobierno de la República se quedara de brazos cruzados viendo como le matan más soldados.  ¡Eso si es mucha frescura!

Recuérdese que todo tipo de traición se contrapone a la Buena Fe, pues los hechos recientes parecen demostrar que cuando allá en La Habana los negociadores de la guerrilla extendieron su mano y ofrecieron la tregua unilateral, lo hicieron disfrazados de corderos. Mas tardaron en dar el apretón de manos a la delegación del gobierno colombiano, que en hacer todo lo posible para volver a faltar a su palabra, palabra que ya se ha visto, vale menos que un orinal, porque si bien romper una tregua y atacar soldados no es un crimen de guerra, si es, por el contrario, un retrato fiel de quien prometió no hacerlo.

El maestro Andrés Bello, orgullo de la diplomacia latinoamericana, sostuvo desde hace dos siglos en su obra Principios de Derecho Internacional que: “La buena fe  entre enemigos no solo requiere que cumplamos fielmente lo prometido, sino que nos abstengamos de engañar en todas las ocasiones en que el interés de la guerra no está en conflicto con los deberes comunes de la humanidad. La violación de la tregua por uno de los contratantes autoriza al otro para RENOVAR LAS HOSTILIDADES”

Me tomo pues la licencia de plasmar aquí algunas de las estrofas del Himno Nacional Mexicano que con justa razón habla de "un recuerdo para ellos de gloria" y "un sepulcro para ellos de honor" en clara alusión a los defensores de la patria, mientras que  por otro lado, no se equivoca al clamar ¡guerra, guerra sin tregua! en contra de quienes intentan dañarla.   


No hay duda, los hombres y mujeres que son parte de las Fuerzas Armadas son HÉROES DE CARNE Y HUESO, pues llegado el momento y de requerirlo las circunstancias, están conscientemente dispuestos a ofrecer su pecho a las balas del enemigo para defender la continuidad e integridad del Estado, garantizando la tranquilidad, vida, honra y bienes de sus compatriotas.

Es cierto, en pláticas con amigos he sostenido que lo mejor que le pueda pasar a Colombia es la paz, la PAZ con mayúsculas, no obstante me sumo a quienes con justa razón, piden para los héroes uniformados PAZ EN SUS TUMBAS y a quienes exigen guerra sin tregua, para los que jugaron sucio (una vez más).    

Tarde descubre Colombia que la tal tregua de las FARC no existe y tarde se hace para que el Estado Colombiano reanude los bombardeos en su contra, pues aunque la paz es anhelo de todos los colombianos (por lo menos de los colombianos de bien) parecen no ser estos los tiempos para hacerla ni buscarla, antes bien, son los tiempos de aceptar (lo admito) que la contraparte no tiene palabra y prefiere seguir haciendo la guerra antes que construir un escenario de paz creíble y duradera.  



Por eso, a mi QUE NO ME VENGAN!!!



Guillermo Gustavo Flores-Chacón
Bogotá, D.C., Colombia; abril 2015

                                                                                                

domingo, 5 de abril de 2015

QUE COMAN PASTELES!

QUE COMAN PASTELES!

No es mi intención irrumpir en este espacio con un recetario de repostería, sino con una reflexión sobre el poder que la desinformación tiene en nuestros días y tuvo en el destino que inmortalizó a esa austriaca de triste memoria que en su día fuera reina de Francia y que terminó con su entorno alejado del pueblo y la cabeza separada del cuerpo. El poder de la palabra, el poder de la infamia.

Para ilustrar lo que digo, debo remitirme a la comentada visita de Estado hecha por Peña Nieto al Reino Unido a principios de marzo de 2015, la cual fue objeto no sólo de burlas supinas, sino de calumnias propias de un mitómano, presentes como nunca antes, gracias a lo que el comentarista Eduardo@ruizhealy llama “La Chusma Digital”.  

Entre la basura arrojada por esta turba desinformada a las redes están, por enésima vez, los comentarios que afirman mañana tarde y noche que Enrique Peña viajó a Londres en “su nuevo avión” ignorando que la adquisición de esa aeronave fue solicitada en la administración del panista Felipe Calderón y aprobada por el Congreso luego de que la SEDENA apelara a razones de seguridad nacional para renovar la flota presidencial, indudablemente cuestionada  tras la muerte de 3 secretarios de Estado en menos de 5 años a causa de accidentes relacionados con aeronaves a cargo del Estado Mayor Presidencial (salvo el jet de Juan Camilo Mouriño).

Además, se olvida esta chusma digital de que el famoso avión, ni siquiera ha salido de los talleres de Boeing y por ello, otra de sus calumnias, la de que Peña viajó a Londres con una comitiva de 200 personas cae por su propio peso, pues al actual TP01 no le caben más de 70 pasajeros.

En contraste y a la distancia, debo decir que para las mismas fechas, el Presidente de Colombia estuvo visitando a los reyes españoles, pero a diferencia de lo que ocurrió en México, las redes sociales usadas por los colombianos no se plagaron de calumnias, sino de críticas, muchas de ellas relacionadas con el proceso de paz que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC. ¿Qué con eso? Pues, que las redes si pueden emplearse como plataformas para manifestar el disenso, llamar a la participación ciudadana, a promover causas justas, pero no se vale utilizarlas como un medio para agraviar y menos aún sembrar más mentiras en mitad de un campo plagado de ignorancia, confusión y miedo, tal cual lo hicieron en 2011, tres jóvenes veracruzanos que provocaron psicosis entre la población por publicar, sin fundamento, que varios atentados iban a tener lugar en algunas escuelas del puerto.

Y como las anteriores, muchas más calumnias. De las últimas, la que circuló a través de Twitter y en muchos muros “facebookeros” afirmando que el fin de la relación laboral entre Carmen Aristegui y el grupo MVS, era una injusta venganza del gobierno federal contra la periodista, mentira que me deja un sabor a retórica trasnochada sobre libertad de expresión y que en su momento también fue empleada para tratar de “explicar” el cese de Pedro Ferriz  de su empresa, el cual obedeció en realidad al quebranto que sufrió su credibilidad, pues tras presentarse como paladín de la honestidad y señalar a los actores políticos de ser hipócritas, cínicos, desvergonzados y deshonestos, se descubrió que sostenía una relación fuera de matrimonio con una compañera de trabajo. ¿Y la congruencia apá?   

Olvida esa “Chusma Digital” que hace unos días la empresa Univisión, esa sí presionada por el gobierno federal pero de los Estados Unidos, cesó al colaborador de un programa de espectáculos por afirmar que la esposa de Barack Obama parecía parte del elenco del Planeta de los Simios.

Por último, no hay que perder de vista el triste espectáculo protagonizado en plena semana santa por @DeniseDresserG, una politóloga que, hasta antes de su imperdonable pifia yo consideraba articulada pero que, envuelta en la ola trendy de la crítica facilona hacia Peña Nieto, omitió el deber de cualquier persona responsable, de confirmar la información antes de divulgarla y con el afán de satisfacer los apetitos de esa insaciable masa que encuentra en la descalificación de la autoridad su máxima realización personal, se aventó la puntada de afirmar que la hija de Peña Nieto llegaba a la Anáhuac en helicóptero.  

Vergüenza debió sentir Dresser, cuando Carlos Peralta, dueño de grupo IUSA la desmintió a ella y a todos los calumniadores de oficio, porque en realidad el helicóptero que se vio bajar en el Campus Norte de la Anáhuac, no llevaba a la hija de Peña, sino al propio Peralta, consentido de esa universidad tan es así que hay cátedras que se dictan en esa casa de estudios que llevan su nombre y el nombre de su padre, Alejo Peralta.

Aun cuando quisiéramos jugar al calumniador, las imágenes de ese helicóptero muestran una aeronave de matrícula privada y ello desmiente que la hija de Peña hubiera hecho uso de la flota aérea del Estado Mayor Presidencial en el día, la hora, el lugar y el modo en que afirmó Dresser, como por el contrario sí lo hizo y con total descaro, David Korenfeld, titular de la CONAGUA o como en su tiempo hiciera Sergio Estrada Cajigal ex gobernador panista de Morelos que utilizaba el helicóptero destinado al ejecutivo estatal para pasear a su novia, al punto que los morelenses, en su infinita sabiduría, llamaron a la aeronave el "Helicóptero del Amor".     

Y en el último de los escenarios, aún si la hija mayor de Peña Nieto hubiese llegado en una aeronave oficial, debe recordarse aquí que ni las hijas de Obama, ni los del presidente de Colombia, ni los de Ollanta Humala llegan en taxi a sus escuelas, no por simple vanidad, sino por una premisa tan sencilla a la que llamamos Seguridad Nacional.     

Si dudas quedan, no está por demás dejar constancia de la facultad discrecional que en su caso podría haber usado el Presidente Peña para enviar a su hija en helicóptero a la escuela, leyendo lo que dispone el artículo 29 del Reglamento del Estado Mayor Presidencial, el cual dispone:

Artículo 29.- Corresponde a la Coordinación General de Transportes Aéreos Presidenciales: I. Proporcionar el servicio de transporte aéreo al Presidente de la República, así como a los servidores públicos y DEMÁS PERSONAS QUE DETERMINE el propio titular del Ejecutivo Federal;

Sólo como nota, aún para ir de vacaciones la flota aérea presidencial está al servicio del Presidente de la República, pues su investidura y los intereses que podrían verse afectados si su seguridad o la de los suyos resultara comprometida, no cesan ni en vacaciones ni en días festivos, por ello y aunque quisieran (cuanto lo dudo, jajaja) es imposible que el Estado Mayor permitiera a los hijos del Ejecutivo Federal desplazarse en metro, metrobús o Flecha Roja para acudir a sus compromisos.

        

Sólo recuérdese, en el fragor de la Revolución Francesa, un pasquín provocó en forma premeditada a las masas afirmando que la reina María Antonieta, al enterarse de que el pueblo no tenía ni pan para comer, dijo con sorna: “que coman pasteles”. La verdad nunca dijo tal cosa y sin embargo, el pueblo hambreado y desprovisto de juicio, creyó el rumor vendado de ojos. 

Después Robespierre y el caos, el cadalso, las cabezas, la anarquía.

Por eso, a mí que no me vengan...!!!!!!!

Guillermo Gustavo Flores-Chacón
Bogotá, D.C., Colombia; abril 2015