COLOMBIA Y MÉXICO: DOS TÚNELES, UNA MISMA VERGUËNZA
Tras la segunda fuga
de Joaquín Guzmán Loera, reconocido más por su mote de “El Chapo”, algunos
periodistas en México y en Colombia, han sucumbido a la tentación de recurrir a
un símil entre el escape protagonizado por el capo mexicano de la droga y la fuga
que acrecentó los mitos y leyendas en torno al ya extinto líder del Cártel de Medellín,
Pablo Emilio Escobar Gaviria.
Aunque ambos
eventos tienen como figura central a dos de los narcotraficantes más poderosos
de su tiempo, la fuga de Escobar no es, ni puede ser comparable con la del “Chapo”, pues la del colombiano se produjo desde un espacio que él mismo eligió y mandó construir para simular un arresto domiciliario
en el que ni el ejército, ni la policía colombiana tenían control efectivo,
algo que se supone, no era el caso del Centro Federal de Máxima Seguridad del
Altiplano.
Sucede que en
realidad, Escobar no fue capturado, más bien, se entregó voluntariamente a
condición de no ser extraditado hacia los Estados Unidos ni de ser recluido en
ninguna prisión colombiana, sino mejor dicho, en una de sus propiedades, ubicada
en la localidad de Envigado a 11 kilómetros de Medellín, la segunda ciudad de
importancia para Colombia.
A diferencia
suya, “El Chapo” Guzmán, si fue capturado merced a un esfuerzo titánico de inteligencia
y a diferencia de Escobar, “El Chapo” si fue trasladado (por segunda vez) a un
penal que se suponía era de máxima seguridad.
Estas
diferencias, hacen necesario buscar un nuevo referente, uno que en verdad
refleje el modus operandi empleado por “El Chapo” en su huída y ése no puede
ser otro que el episodio protagonizado por el grupo guerrillero M-19 que, en
enero de 1979, llegó mediante un túnel hasta la armería del más importante
cuartel militar de Bogotá y sin empacho alguno, sustrajo a sus anchas más de
5,500 armas sin que nadie, se diera cuenta de lo sucedido.
Al igual que lo hicieron
lo hombres del “Chapo”, los integrantes del grupo M-19 eligieron una propiedad
en las proximidades de su objetivo, desde la cual comenzaron a excavar un túnel,
una labor que, según consigna el periodista colombiano, Hollman Morris, se
hacía de día y de noche.
La casa fue
adquirida por dos militantes del grupo guerrillero, quienes aparentaron ser una
familia ejemplar a la luz de sus vecinos que, sobre ellos sólo sabían que eran
dueños de una compañía farmacéutica.
El túnel del M19,
tenía sin embargo una longitud y profundidad menor a la del que sirvió como
escape al señor Guzmán Loera, pues no se necesitaron más de 80 metros para
llegar hasta el depósito de armas del Ejército de Colombia. Aún así, los
miembros de aquella guerrilla colombiana se vieron en la necesidad de buscar
una pantalla para lograr que camiones entraran y salieran diariamente del
domicilio sin levantar mayores sospechas. Esa pantalla fue nada menos que la compañía
farmacéutica, por eso nadie sospechó que camiones fueran y vinieran de la casa,
porque con seguridad estos traían o llevaban medicamentos.
El túnel cavado para
acceder al Cuartel Militar no fue una empresa sencilla, pues excavarlo les tomó
más de un mes, a lo largo del cual, los guerrilleros hubieron de hacer frente a
inundaciones, amenazas de derrumbe que obedecían a la composición del suelo.
Naturalmente, un
solo grupo de personas no habría podido lograrlo, la logística para cavar ese túnel
no fue sencilla, menos podría serlo cavar uno del doble de longitud como por el
que se dice, escapó el señor Guzmán Loera para recuperar su libertad.
Habrá que tener
en cuenta que debía alimentarse a los hombres que excavaban y a los que sacaban
la tierra y drenaban el agua, debieron tener un espacio para ir a tirar la
tierra salida del subsuelo y claro debieron hallar la forma de introducir las
decenas de maderos o vigas que emplearon para apuntalar el túnel.
Los guerrilleros
consiguieron avanzar apenas treinta pingües centímetros los primeros días hasta
lograr un avance sostenido de casi cuatro metros diarios en los últimos 10 días
hasta antes de lograr su objetivo.
¿Habrán tenido los
hombres del señor Guzmán Loera necesidad de montar semejante trama, en verdad
habrán tenido que extremar en tal forma sus precauciones? Lo dudo porque de
seguro no tuvieron que molestarse en montar tamaña farsa. No lo hicieron porque
las únicas personas que debían haber sospechado del constante ir y venir de
camiones con arena o del inusual movimiento de personas en los alrededores de
la construcción, eran justo los mismos que con seguridad fueron comprados para
callar aquello que veían a diario desde sus posiciones, porque además, es un
hecho que no era posible acceder con tanta precisión hasta el lugar desde el
que se produjo la evasión del capo mexicano, sin que se tuviera un conocimiento
detallado del interior del lugar.
El golpe asestado
por el M-19 a las Fuerzas Armadas de Colombia hace 36 años, supuso un serio
desprestigio de la institución castrense y del gobierno colombiano en turno.
Era inconcebible que un puñado de agentes subversivos, hubiera podido pasar
bajo las botas de los militares y robar con total libertad miles de armas y
libras enteras de munición durante casi tres días sin que ningún elemento del
Ejército hubiera advertido nada fuera de lo normal.
Así como el
túnel por el que se llevaron las armas del ejército colombiano, el túnel que se
dice, sirvió como ruta de escape al “Chapo” Guzmán, es sinónimo de la ineptitud
del Estado Mexicano, es la derrota de un sistema cuyos peores vicios asoman cual
fuego en mitad de la noche.
Tal como sucedió
en Colombia, en México vendrá una estéril cacería de brujas que nada bueno
traerá, acciones de relumbrón (como la millonaria recompensa que ya se ofrece) y
nada de ello sin embargo, logrará reivindicar la imagen de un régimen que en su
seguidilla de tropiezos y pifias no logra ver, la luz al final del túnel.
