¡GUERRA, GUERRA SIN TREGUA!
Hablar de Colombia es hablar de
café, hablar de fútbol y de mujeres bellas. Pero con tristeza, debo decir
también que, hablar de Colombia es hablar de conflicto, un conflicto que
atraviesa las entrañas más hondas de este país, desde hace más de 50 años.
Mi estancia en Bogotá, no ha
quedado ajena a este conflicto infame, pues el mismo es el tema durante el
almuerzo, es encabezado de los periódicos, es motivo de análisis en la escuela,
detonante de acalorados debates en las redes y es cliente frecuente de los
titulares noticiosos. Apenas suavizado por los diálogos de paz entre el
gobierno y las FARC, el conflicto como el buen fútbol, es tema permanente en
Colombia.
Así lo confirmé luego que en las
últimas horas del martes 14 de abril, un grupo de “Pisasuaves” de las FARC
atacó por sorpresa y en mitad de la noche a 50 soldados pertenecientes a la
Brigada Móvil 17, que pernoctaban en una
cancha deportiva ubicada en la localidad de Timba, departamento de Cauca.
La guerrilla empleó granadas y
otros aparatos explosivos contra los desprevenidos soldados, matando a 11 de
ellos e hiriendo a otros 20 uniformados. Los que corrieron con más suerte,
lograron escapar de la onda expansiva y las esquirlas e infortunio que vinieron
con ella.
Cómo era de esperarse, la
reacción a este hecho fue una nutrida marejada de indignación y otras tantas
arremetidas contra el gobierno colombiano y el Presidente Juan Manuel Santos,
quien hay que decirlo, ha hecho de la paz su proyecto de gobierno a un costo
altísimo para su popularidad, su capital político y sobre todo, para su
credibilidad.
Entre quienes aportaron su cuota
de indignación y estridencia a las declaraciones sobre ese ataque, destacan -faltaba
menos- el ex presidente Álvaro Uribe, un nostálgico incorregible del poder y
crítico a muerte de Santos, a cuyas críticas y descalificaciones se sumaron las
del Fiscal General de la Nación, un abogado de nombre Eduardo Montealegre,
quien desde Cali, capital de la salsa, se deshizo en lamentos y señalamientos francamente infundados, si por
infundados entendemos aquello que carece de sustento, bien sea lógico o
jurídico.
La falencia de los argumentos hechos por el Fiscal Montealegre en Cali, radica en haber afirmado que los militares atacados, estaban “fuera de combate” y que por ello gozaban del estatus de "persona protegida" amén de lo cual se cometía un crimen de guerra sancionado por el Derecho Internacional Humanitario.
Estando yo en Colombia como parte de
un posgrado en Derecho Internacional Humanitario impartido, nada menos que por
el Ejército Nacional colombiano, no me puedo dar el lujo de ignorar estas declaraciones sin defender
aquello que mis profesores, todos ellos expertos en estas lides, me han
transmitido en agotadoras y maratónicas sesiones de estudio.
Seguro de haber aprendido algo,
debo decir que el señor Fiscal, está equivocado porque para el Derecho
Internacional Humanitario ataques como los cometidos en contra del la Brigada
Móvil 17 no están prohibidos, antes bien, se encuadran dentro de aquello que la
estrategia castrense y la jurisprudencia internacional califican de “Ventaja Militar”
cuya práctica está más que legitimada.
Por otro lado, debo decir que en
ninguno de los cuatro Convenios de Ginebra ni en sus protocolos adicionales, se
prohíbe la posibilidad de sorprender al adversario, incluso cuando éste se
encuentre descansando o dormido. Guerra es guerra. ¿O es que acaso no recuerda el Fiscal de Colombia cómo fueron dados de baja alias Raúl Reyes, alias Alfonso Cano o alias Mono
Jojoy ?
Entérese doctor Montealegre que
el Derecho Internacional Humanitario no ampara a quienes hacen parte activa de
las hostilidades, sino SOLAMENTE a aquellos que NO PARTICIPAN o HAN DEJADO DE
PARTICIPAR en ellas o han perdido la voluntad de lucha, incluidos heridos,
prisioneros de guerra, misiones humanitarias, equipos sanitarios y claro,
población civil.
En consecuencia, las fuerzas
armadas en cumplimiento del deber misional, como era el caso de los héroes muertos
en Cauca, son en definitiva actores del conflicto armado interno y es justo por
ello que NO eran sujetos de protección de los Convenios de Ginebra, como lo
afirma el señor fiscal.
Según el artículo 135 del Código
Penal el homicidio en persona protegida tiene lugar en el marco de un conflicto
armado y consiste en ocasionar la muerte de persona protegida conforme a los
Convenios Internacionales sobre Derecho Humanitario ratificados por Colombia.
En ese entendido, el Fiscal Montealegre
tendría que saber que un militar en activo NO es considerado una persona
protegida y en consecuencia, los ataques que tienen lugar entre grupos armados,
sean o no fuerzas del estado es, gústenos o no, una conducta válida y por ello, no sancionada
por el Derecho Internacional Humanitario.
Y es que las FARC, no fueron a
los domicilios de los soldados a quitarles la vida, ni los emboscaron
mientras vacacionaban en alguna playa, no señor, los sorprendieron en su base mientras cumplían
con con una misión, hecho que queriéndolo o no, los convierte en blancos
lícitos a los ojos del Derecho Internacional Humanitario.
Si lo que el Fiscal quiso, fue buscarse un delito con el cual condenar a los responsables del ataque contra
los uniformados, debería echarle un vistazo al delito de HOMICIDIO AGRAVADO, antes
de inventarse cargos a la ligera.
Debo decirlo, los militares de
Colombia como los de cualquier país están entrenados para hacer frente al
enemigo es decir, han sido preparados y duramente adiestrados para pelear y
hacer uso de la fuerza letal, para hacer la guerra incluso en las peores
condiciones y morir si es necesario, tal como lo hicieron los jóvenes caídos bajo el diluvio de
munición que los recibió en el épico desembarque de Normandía, o los militares
argentinos enviados a Las Malvinas en 1982, quienes padecieron ingentes
temperaturas por días enteros a la espera de las instrucciones de los mandos
que proyectaron la desastrosa retoma de aquel territorio insular. La muerte es pues, una posibilidad real en un oficio de riesgo permanente como lo es el oficio de las armas y todo soldado sabe que al partir a una misión, el abrazo de su bandera, sea quizá el último que reciban.
Con lo anterior debe quedar claro, que a menos que se cometa perfidia, ningún combatiente o parte activa en un conflicto puede llamarse sorprendido, ni fuera de combate porque los contextos bélicos exponen a sus protagonistas y ellos lo saben, a cualquier tipo de ataque en el momento menos pensado.
No hay pues en la acción de las FARC, violaciones al Derecho Internacional Humanitario y por ende, en este caso concreto, no se perfila ningún crimen de guerra.
No obstante lo anterior y para que no quede duda sobre mi sentir en torno a los hechos del Cauca, es menester aclarar que lo que sí hicieron las FARC, fue volver a mentir, volver a traicionar y faltar a la palabra empeñada y por si ello no bastara, pecaron nuevamente de soberbia y arrogancia.
Con lo anterior debe quedar claro, que a menos que se cometa perfidia, ningún combatiente o parte activa en un conflicto puede llamarse sorprendido, ni fuera de combate porque los contextos bélicos exponen a sus protagonistas y ellos lo saben, a cualquier tipo de ataque en el momento menos pensado.
No hay pues en la acción de las FARC, violaciones al Derecho Internacional Humanitario y por ende, en este caso concreto, no se perfila ningún crimen de guerra.
No obstante lo anterior y para que no quede duda sobre mi sentir en torno a los hechos del Cauca, es menester aclarar que lo que sí hicieron las FARC, fue volver a mentir, volver a traicionar y faltar a la palabra empeñada y por si ello no bastara, pecaron nuevamente de soberbia y arrogancia.
Mienten por afirmar que los
soldados abatidos participaban de un combate, cuando los hombres no estaba era
sino dormidos.
Traicionan, porque rompieron una
tregua que ellos ofrecieron de motu proprio. Traicionan igualito que hicieron desde los tiempos en que Pastrana accedió a crear la Zona de Distención del Caguán.
Pecan de soberbia, al atreverse
con total cinismo a pedirle al gobierno que mantenga la tregua y se abstenga de
bombardear sus posiciones, como si fuera el Estado el que les tuviera que pedir
permiso para hacer uso legítimo de la fuerza.
Pecan de arrogantes creyendo que
ellos sí pueden atacar con impunidad a las fuerzas armadas, pero que el Estado
no puede responder sus ataques, antes bien quisieran que el gobierno de la
República se quedara de brazos cruzados viendo como le matan más soldados. ¡Eso si es mucha frescura!
Recuérdese que todo tipo de traición se contrapone a la
Buena Fe, pues los hechos recientes parecen demostrar que cuando allá en La Habana los negociadores de la guerrilla extendieron su mano y ofrecieron la
tregua unilateral, lo hicieron disfrazados de corderos. Mas tardaron en dar el
apretón de manos a la delegación del gobierno colombiano, que en hacer todo lo
posible para volver a faltar a su palabra, palabra que ya se ha visto, vale
menos que un orinal, porque si bien romper una tregua y atacar soldados
no es un crimen de guerra, si es, por el contrario, un retrato fiel de quien
prometió no hacerlo.
El maestro Andrés Bello, orgullo
de la diplomacia latinoamericana, sostuvo desde hace dos siglos en su obra Principios
de Derecho Internacional que: “La buena fe
entre enemigos no solo requiere que cumplamos fielmente lo prometido,
sino que nos abstengamos de engañar en todas las ocasiones en que el interés de
la guerra no está en conflicto con los deberes comunes de la humanidad. La
violación de la tregua por uno de los contratantes autoriza al otro para
RENOVAR LAS HOSTILIDADES”
Me tomo pues la licencia de plasmar
aquí algunas de las estrofas del Himno
Nacional Mexicano que con justa razón habla de "un recuerdo para ellos de
gloria" y "un sepulcro para ellos de honor" en clara alusión a los defensores de
la patria, mientras que por otro lado,
no se equivoca al clamar ¡guerra, guerra sin tregua! en contra de quienes
intentan dañarla.
Es cierto, en pláticas con amigos
he sostenido que lo mejor que le pueda pasar a Colombia es la paz, la PAZ con
mayúsculas, no obstante me sumo a quienes con justa razón, piden para los héroes uniformados
PAZ EN SUS TUMBAS y a quienes exigen guerra sin tregua, para los que jugaron
sucio (una vez más).
Tarde descubre Colombia que la
tal tregua de las FARC no existe y tarde se hace para que el Estado Colombiano
reanude los bombardeos en su contra, pues aunque la paz es anhelo de todos los
colombianos (por lo menos de los colombianos de bien) parecen no ser estos los tiempos para hacerla ni buscarla, antes bien, son los tiempos de aceptar (lo admito) que
la contraparte no tiene palabra y prefiere seguir haciendo la guerra antes que construir
un escenario de paz creíble y duradera.
Por eso, a mi QUE NO ME VENGAN!!!
Guillermo Gustavo Flores-Chacón
Bogotá, D.C., Colombia; abril 2015


