miércoles, 24 de enero de 2018

CHIMOLTRUFISMO POLÍTICO

CHIMOLTRUFISMO POLÍTICO

              Escandalizados se dicen quienes hasta el cansancio señalan la indecencia que para ellos supone el hecho de que MORENA reciba en sus filas a ex militantes de otros partidos, sin darse cuenta que en la antesala de la elección del 2018, los refuerzos y el reacomodo de fichas son el pan nuestro de cada día.


              Así surgió el ya mítico Frente Democrático Nacional, una extraña coalición de fuerzas y movimientos políticos y sociales que hace ya 30 años, le plantaron la cara al hegemónico PRI y lo hicieron cimbrarse hasta en su última columna; así se reorganizó la campaña foxista  cuando aliados el PAN y el Partido Verde le ganaron por vez primera una elección presidencial al régimen priísta y solo con ese método panistas y perredistas pudieron escamotearle varias gubernaturas al tricolor en los últimos procesos electores.

              Con coaliciones primero y con apostasía después, los políticos mexicanos a falta de reelección buscan preservar sus posiciones en un sistema caduco que dificulta la consolidación de espacios de poder  más allá de seis años.  La anacrónica cláusula antirreleccionista, provocó lo que en principio se denominó “Chapulinismo” esa práctica consistente de contender por un distrito en una elección y por otro en la siguiente, fue también perfeccionándose para que nuestros diputados al dejar su cargo, fueran tan sólo trasplantados al Senado desde donde  seis años más tarde regresaban a San Lázaro.

              El “chapulinismo” sin embargo fue agotándose en tanto la competencia democrática abrió también espacios a nuevos jugadores, pues mientras hasta 1994 el PRI, logró monopolizar la mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso con 300 diputados y 95 senadores, para el año 2006, apenas logró colocar 103 legisladores en la Cámara Baja y otros 39 en la sede de Xicohténcatl.

              La misma dinámica comenzó a vivirse en el PAN y en el PRD tiempo más tarde, pues ambos partidos vieron sus mejores años en la primera década del siglo XXI hasta que, preocupados por ir perdiendo espacios en solitario, comenzaron a cohabitar en varios estados de la República.

              Irónicamente, la estrategia que se pensaba les seguiría garantizado triunfos frente al PRI, desencantó más temprano que tarde a sus militantes de más raigambre y el éxodo hacia MORENA fue inevitable. 

              Hoy, el debate se centra fundamentalmente en los tránsfugas de esos y otros partidos, en los desertores de aquellos institutos políticos que otrora tuvieron ideología e identidad propia pero que con el tiempo, fueron flexibilizando su postura hasta entender que el aislacionismo sectario de siglos anteriores en los que el agua no se mezclaba con el aceite, debía dar paso a nuevas formas de hacerse con la banda presidencial.

              Es entonces que el Chimoltrufismo ve la luz en México, y al igual que el personaje televisivo interpretado por Florinda Meza, los políticos mexicanos se dieron licencia para decir una cosa y después decir lo contrario, o como dijera la Chimoltrufia decir una cosa y luego otra.

              Entre las "Chimoltrufias" de nuestro sistema político, debemos destacar a Rosario Robles Berlanga, miembro del gabinete del presidente Peña Nieto desde el inicio de su administración, quien  no dudó ni tantito en renegar del PRD para trabajar con el PRI cuando éste le dio una oportunidad después de lo cual, dejó para una mejor ocasión su retórica izquierdista en contra de Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, el cual por cierto le regaló una de las bandas presidenciales que ostentó durante su sexenio, como agradecimiento a los videos que ella y su amante Carlos Ahumada le presentaron al ex mandatario, con el propósito de urdir una supuesta trama de corrupción que sacara a López Obrador en su camino a la Presidencia.  


              Quienes hoy se rasgan las vestiduras con la llegada de Gabriela Cuevas y Cuauhtémoc Blanco a MORENA, sólo se acogen al beneficio de la amnesia selectiva, pues prefieren hacer como si esto no fuera cosa de todos los días a cambio de defender la castidad ideológica, el inmovilismo político transgredido tantas veces por políticos de todos los colores, como por ejemplo Fox el político autodefinido como panista pero que no ha tenido el mínimo empacho en apoyar a los dos últimos candidatos del PRI a la Presidencia de la República.   

              Tratándose de “López” todo mueve al escándalo, su legítimo derecho a buscar aliados entre todos los actores de la arena política no se le perdona, en cambio quienes le critican, miran con benevolencia a Miguel Ángel Yunes Linares, un militante priísta que viendo cerrada su posibilidad de contender a la gubernatura de Veracruz cobijado por el PRI, se refugió rápidamente en el PAN. ¿Fue entonces un pecado lo de Yunes; es mejor el PAN por recibir a un añejo ex militante del PRI, que MORENA por recibir a Gabriela Cuevas?.

              La verdad es que los mexicanos aún estamos lejos de entender el juego político de cara al 1° de julio, pues tan timoratos como ciertos ministros de culto recalcitrantes,  vemos con el mismo horror a quienes cambian de camiseta que a quienes se ha divorciado de su pareja, como si fuese una obligación permanecer en un lugar en el que no se sienten ya cómodos ni tomados en cuenta o como si el ostracismo al que los relegan las cúpulas que controlan cada uno de sus partidos, debiera ser condena o cruz para cumplirse y cargar a cuesta por el resto de la vida, o como si un jugador de las Chivas no pudiera alinear con el América, o como si alguien que ha trabajado en la Ford por años, no pudiera marcharse a la Nissan cuando así le convenga.

              La política al igual que la ingeniería automotriz, dejó de ser romántica y al igual que un ingeniero, un político debe poder moverse a donde crea servir más, puede que se vean tan mal como la Chimoltrufia, pero al final del día, el cambio es un instinto de autoconservación y deseo de supervivencia. ¿Traición? ¿Perfidia? Sólo de quien se diga militante de un partido y por debajo trabaje para otros, pero quienes han mostrado sus cartas sin mayor tapujo son si acaso meros “chimoltrufios” ejerciendo su derecho a sobrevivir y a decir una cosa y luego otra.   

Por eso, A MI QUE NO ME VENGAN....
Guillermo Gustavo Flóres-Chacón

Morelia, Michoacán; 23 de enero de 2018